La mañana llegó y Katrina seguía completamente enredada entre los brazos de Marcus, que literalmente no la dejaba moverse. Cada vez que ella intentaba levantarse, él solo la apretaba más contra su pecho.
—Amor, debemos ir a la oficina.
Marcus enterró el rostro en su cuello y suspiró dramáticamente.
—Mmmm… un ratito más. Somos los dueños, podemos llegar un poquito tarde.
Katrina soltó una pequeña risa mientras acariciaba su cabello.
—Te dije que te durmieras temprano anoche.
Marcus levantó apena