Nina despertó en el cuarto de Salvador en una mañana de ensueño.
Entreabrió los ojos despacio, por la luz del sol que iluminaba la habitación entera, traspasando el ligero paño de la cortina blanca, supuso que no eran más de las diez.
El aire gélido era una caricia sobre su piel descubierta
No tenía idea de a qué hora se habían mudado allí, solo recordaba el calor del pecho de Salvador al cargarla entre sus brazos hasta esa cama.
No pudo evitar sonreír al pensar en lo sucedido.
Al principio fue