A unos metros, Marcos y Daniela se miraban con ferocidad
- Te lo advierto – le dijo el hombre – ni se te ocurra tocar la puerta
- ¡Nina me espera! – insistió Daniela - Quedamos en que volvería a esta hora
- ¡Ja! Claro… Como si el General Domoniccie realmente lo permitiera
- ¿Permitiera qué? ¿De qué rayos estás hablando? – reprochó Daniela, impaciente - ¡¿Qué mierda tiene que permitir tu General en el departamento de mi amiga?!
Más que impaciente, estaba nerviosa… Cuando llegaron al edificio,