35. Cenicienta
Con la ayuda de los buzos salí del tanque, dirigiéndome hacia donde me esperaba Brian con una sutil sonrisa. Me acerqué a él; estaba emocionada, pero obligué a mi cuerpo a relajarse.
Me coloqué a su lado; él solo me observó con intensidad.
—Si sigues mirándome así, te voy a cobrar. ¿Crees que soy una obra de arte que vas a ver de manera gratuita? —pregunté de forma ligera, sarcástica.
Brian lanzó una carcajada en respuesta.
—¿Cuánto me cobras? Porque, sinceramente, no podré dejar de verte y te