95. Momento emotivo
Las manos de Gladys siguen paralizadas en el pomo, sigue temblando, continúa ahí, como una estatua, con el corazón latiendo a mil por hora, tan, pero tan desahuciada que no logra saber por qué razón, ni cómo, su mente dejó de pensar. El llamado de la niñera de Gabriel, otro, la saca del trance, y aún más el llanto de la niña que continua en la cama, enjuagándose esos preciosos ojos que le devolvieron la vida a Gladys cuando los vio por primera vez.
Un paso.
Luego otro.
—¿Hija…?
Y la voz