Mientras tanto, en la oficina, Elena revisaba algunos documentos. No podía concentrarse del todo. Había algo en el aire, una presión invisible. Julián había insistido en quedarse cerca, cumpliendo las órdenes de Alexander, aunque lo hacía con discreción.
Elena tomó su taza de café, caminó hacia la ventana y observó la ciudad. Las calles se movían con normalidad, pero la normalidad siempre había sido el disfraz del caos.
Su mente regresó al funeral, a Camila, a la nota.
Padre me vigila y está pr