Capítulo 18: Románticos discretos.
En otro rincón de la ciudad, Alexander estaba sentado en su oficina, frente al ventanal, mirando el vacío. Martín, su asistente, había dejado los informes sobre la mesa, pero él no los veía. En su cabeza solo estaba ella.
Recordaba cómo entraba después de un día agotador y la encontraba dormida en el sillón, con un libro sobre el pecho. Recordaba cómo se quedaba mirándola, sin atreverse a tocarla. Había algo tan puro en ella que lo hacía sentirse sucio. Por eso se alejaba. Por eso la ignoraba. ¡