Capítulo 15: Nunca le había gritado.
El suelo estaba helado. Las mejillas de Elena ardían donde el piso de mármol rozaba su piel. Un zumbido sordo resonaba en sus oídos, mezclado con los gritos, los golpes y los llantos amortiguados que venían del salón principal. Encima de ella, una bota clavada entre sus omóplatos la mantenía firmemente presionada. Cada respiración le costaba un pequeño suspiro de dolor.
Pero lo que más dolía no era el peso sobre su espalda ni los hombres rompiendo cosas ni de los muebles rotos. Lo que más dolía