Paz temblaba mientras sujetaba su teléfono con fuerza, su respiración entrecortada y las lágrimas cayendo sin control.
Desesperada, marcó el número de Randall, su última esperanza.
Su voz sonó rota, como si el peso de su mundo se derrumbara.
—¡Randall! —exclamó, su voz entre lágrimas—. Por favor, ayúdame. Terrance quiere hacer pruebas de paternidad a mis hijas… ¡Quiere quitármelas! Haré lo que sea, Randall… lo que sea, si lo detienes… incluso… incluso puedo ser tu amante.
Un silencio helado cayó