Al volver a casa, las gemelas corrieron a recibirlos, con sus risas cristalinas llenando el ambiente.
—Tengo hambre, mami, ¿puedo comer pastel? —preguntó Mia con sus ojitos brillantes.
Paz sonrió con ternura.
—Bueno, papito, que hoy es nuestro esclavo, hará la cena, así que pueden pedir toda la comida que quieran.
Terrance arqueó una ceja, luego sonrió divertido.
—¿Esclavo? Bien, seré lo que mami quiera que sea… pero ¿será posible que papito tenga dos mini ayudantes?
Las gemelas chocaron sus man