—¡¿Qué quieres de mí?! ¡Me abandonaste en el pasado! Dime, ¿qué es lo que quieres de mí?
Las palabras de Aldo flotaron en el aire como un grito desesperado, y su voz temblaba con la furia acumulada de años de abandono.
Martín, parado frente a él, se quedó completamente perplejo.
Los ojos de Aldo estaban llenos de dolor y rabia, y su respiración era entrecortada.
La tristeza en su corazón palpitaba con fuerza, y sentía como si todo su mundo se estuviera desmoronando una vez más.
Pero el rostro de