Megan y Kaerys ya estaban en el auto que las llevaría a la manada Rosal. Axel sería quien conduciría, pero se había quedado unos momentos para dar las últimas instrucciones.
—Llegaremos antes del anochecer —susurró Megan—. Antes de que empiece la luna de sangre.
Kaerys asintió sin apartar la mirada de la ventana. Sus ojos seguían fijos en Axel. El gamma no había dudado de sus palabras esta vez, y ese detalle marcaba una extraña diferencia en cómo se sentía con él. Tampoco la había juzgado por s