Sienna despertó jadeante; volvió a sentir las contracciones. La recámara estaba totalmente a oscuras, pero había un calor insoportable. Dirigió la mirada hacia las ventanas del balcón y pudo divisar las llamas.
— Ayuda…
Trató de levantarse, pero una fuerte contracción la hizo arquearse de espaldas y soltar un grito desgarrador hasta dejarse caer exhausta. Su visión se nublaba; jamás había sentido tanto dolor, pero debía ser fuerte: su cachorro dependía de ella.
Circe llegó hasta la mansión alfa