Sienna despertó por la mañana. Estaba completamente sola en la mansión del alfa de Rosal; de hecho, toda la manada se encontraba deshabitada, pero por el momento era el único lugar donde podía estar a salvo. Se levantó de la cama con lentitud y salió de la recámara hasta llegar a la cocina, donde Santiago se había encargado de dejar todo lo necesario para que estuviera cómoda y bien alimentada.
—Cachorrito… —susurró, acariciando suavemente su vientre mientras tomaba unas fresas para comer.
Cami