Sienna hirvió de rabia al escuchar la respuesta de esa bestia; no iba a permitir que la tratase de esa manera.
—No soy una de tus putas de turno, bestia de m****a —soltó con rabia, fulminándolo con la mirada.
Maximiliano soltó una fuerte carcajada. Más que molestarse por la forma en que ella intentaba hacerle frente, le divertía; ninguna mujer se había atrevido jamás a hablarle en ese tono.
—Eres mi puta favorita, descuida —soltó él con total descaro.
—¡Jódete, bestia! —le gritó, completamen