Sienna cabalgaba sobre su bestia. Era la posición favorita de ambos; a ella le encantaba porque sentía que así dominaba por completo al lycan.
—Max...
—Es Maximiliano, Sienna —sentenció él, dándole un fuerte azote en sus nalgas.
Sienna gimió fuerte, restregándose con más fuerza contra la verga venosa de su macho.
—Ah, sí. Dame más duro... Max —lo retó.
Maximiliano sonrió de lado y le acomodó otro azote sin contemplaciones. Sienna gritó con fuerza, arqueando la espalda mientras seguía cabalgando