Santiago estaba de rodillas frente al Rey Lycan. Era el único que tal vez podría saber del paradero de las hermanas Rosental; la noche anterior, el ejército del rey se había dedicado a buscarlas, pero no lograron tener éxito.
—¿Dónde están? —gruñó Maximiliano. Solo llevaba puesto un pantalón negro; su torso estaba descubierto, su cabello desordenado y mantenía el ceño fruncido con ferocidad.
—No lo sé, mi rey —dijo Santiago.
Era la verdad. Anoche él se había adelantado al salón de fiestas y est