La recuperación de Caleb fue lenta y llena de frustración para un hombre acostumbrado al control absoluto.
La herida en el hombro limitaba su movimiento, y el dolor lo mantenía irritable. Pero fue en esa vulnerabilidad forzada donde su relación con Emily alcanzó una nueva profundidad.
Ella se convirtió en sus manos, sus pies, su voz cuando la debilidad lo vencía.
Leía los informes en voz alta, transmitía sus órdenes con precisión, y lo ayudaba en las tareas más íntimas sin un ápice de vergüen