Nora
—Cierra la puerta, Aristides, y estate atento a cuando te llame —dijo Tiziano.
—Alfa, la dama —insistió el guerrero. No me quería dejar sola, me veía preocupado.
—No te metas en lo que no te importa, guerrero. Además, necesito tiempo a solas con mi esposa... —insistió Tiziano, quitándose la chaqueta.
—Si ese lobo va a acercarse a nosotras, va a tener que enfrentarme... —gruñía Indira.
—Haz lo que te digo, guerrero —demandó.
Con dolor, Aristides cerró la puerta, y yo me quedé sola con mi su