Nora
Estaba entre la espada y la pared, atrapada en una situación imposible, y sin embargo allí estábamos, caminando junto a Gael con nuestros dedos entrelazados.
La noche anterior había sido perfecta. Sus manos recorriéndome con cuidado, mis dientes rozando su cuello con una suavidad que no buscaba marcar, aunque hubiera querido hacerlo. Pero era una promesa.
Este era apenas nuestro segundo día juntos. El segundo de muchos más.
Cuando amaneció, lo vi aparecer con ropa nueva, demasiado grande p