Nora
Sus palabras, verlo así, tan cerca, tan mío y tan fuera de mi alcance al mismo tiempo me dolían. El volcán, la sangre, el miedo y la montaña entera ya no existían.
El destello en sus ojos, la parte de él que quería inclinarse sobre mí y borrar cada rastro de dolor con la boca, con las manos, con esa devoción maravillosa que solo él sabía entregarme. Sin embargo, se obligó a ponerse de pie y apartarse apenas, como si hacerlo le costara más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Había algo en