Gael
Mi amor estaba de rodillas, agotada, herida y parecía esperar que todo se derrumbara. Atrás, Tiziano peleaba con los lobos, pero aquello ya era un sálvese quien pueda.
—¡Ahora! —gritó Iker. Nora cayó a un lado, exhausta, sangrando de un brazo. No tenía fuerzas ni para apoyarse, lo que ella había logrado, herida, sin su loba al cien por ciento era... extraordinario.
—¿Gael?… —susurró sin poder creerlo. —No puede ser… tú…
—Vern, sujétate a mí —le dije mientras la cargaba.
Una nube de humo s