Capitulo 36: Respira

Agata

Cada ráfaga que levantaba me arrancaba energía de alguna parte más honda que el cuerpo, y aun así no me permití aflojar.

Los lobos enemigos, que hasta hacía unos minutos actuaban con una ferocidad organizada, comenzaron a deshacerse como una jauría enloquecida. Primero vi empujones, forcejeos desesperados… después vi algo peor. Uno de ellos empujó a otro hacia el borde quebrado de la cornisa. El lobo cayó gritando, y el sonido se perdió casi enseguida en el rugido de la lava.

—¡Vamos! ¡Ec
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