Nora
—No podía dejarte. Nunca. Desapareciste y todos entramos en alerta: Ágata, Arístides, Iker… yo. No sé qué demonios es esto, Nora, pero te sacaremos de aquí. Yo… puedo llevarte lejos. Escaparnos de aquí, donde estés bien, donde…
Sus labios temblaban. Este beso había sido magnífico, tenerlo así me volvía loca.
—No podemos irnos… aunque queramos —suspiró Indira, que iba recobrando conciencia poco a poco.
—El trato podría ser peligroso, si no lo cumplimos…—le dije a ella.
—No sabemos qué más