Aristides
—¿Qué estaba sucediendo? ¿Dónde estaban todos?
La ceniza seguía cayendo como si fueran cortinas oscuras que nos cubrían por completo, impidiéndome encontrar a los vampiros, porque los guerreros de la ciudad ónix debían de haber retrocedido o habían perecido en la batalla, y por un instante tuve la sensación de que todos terminaríamos de la misma manera.
—¡Alfa! —grité cuando la ceniza se apartó para dejar ver a Tiziano y al alfa Gael, que estaba completamente debilitado, con parte de