Ágata
Mi mente flotaba como si estuviera atrapada en el agua, un agua turbia y turbulenta que me arrastraba lejos de cualquier pensamiento coherente.
—Ágata... abre los ojos.
Intenté obedecer porque su voz sonaba como un comando severo. Por un momento pensé que era él, pero mi guerrero estaba lejos; yo misma le había pedido que se fuera. Cuando por fin logré enfocar la vista, lo primero que vi fue el rostro de Damián. Sus ojos plateados estaban completamente abiertos y había algo tan feroz y a