POV: Aurora
La oscuridad del sótano no era vacía. Pesaba.
Estábamos en el nivel más profundo de la instalación, un lugar que no aparecía en los planos que habíamos encontrado arriba. Kieran sostenía la linterna, y el haz de luz temblaba ligeramente, bailando sobre filas de jaulas de metal oxidadas.
No había archivos aquí. Solo había correas. Grilletes de tamaño infantil. Drenajes en el suelo manchados de un color marrón que mi nariz identificaba, con repugnante precisión, como sangre seca de hace décadas.
—Tenemos que irnos —susurró Kieran. Su voz rebotó en las paredes de hormigón, distorsionada—. Ya has visto suficiente, Aurora. Esto... esto te va a hacer daño.
Me apoyé contra una mesa de examen metálica. El frío del acero traspasó mis vaqueros.
—Necesito entenderlo —dije, abrazando el diario de mi padre contra mi pecho como si fuera un escudo—. Necesito ver lo que ellos veían. Necesito saber por qué valía la pena matar a tanta gente para ocultar esto.
Kieran se acercó. Dejó la linte