POV: Aurora
Correr no ayudaba.
Mis zapatillas golpeaban la tierra húmeda del sendero. Thump, thump, thump. Un ritmo constante que intentaba ahogar el caos en mi cabeza. Pero no funcionaba. Nada funcionaba.
Todavía sentía la marca.
Allí, en mi cintura, justo encima del hueso de la cadera. Ardía. No era un dolor físico real —me había mirado en el espejo esa mañana y la piel estaba pálida, sin rastro de rojez—, pero la sensación fantasma persistía. Como si Kieran hubiera dejado una huella dactilar