POV: Aurora
El dolor ya no era mi enemigo. Era mi despertador.
Abrí los ojos antes de que el sol tocara el horizonte. Mi cuerpo se sentía pesado, denso, como si mis huesos hubieran sido reemplazados por barras de plomo. Me senté en la cama y mis músculos protestaron con un coro de agujetas que iba desde el cuello hasta los tobillos.
Me estiré. Algo crujió en mi espalda.
Me levanté y fui al espejo.
La chica que me devolvía la mirada ya no era Aurora, la estudiante de literatura que se tropezaba con sus propios pies.
Tenía un moretón de color violeta y amarillo floreciendo en la costilla izquierda (regalo de una caída en el bosque). Mis brazos, antes delgados y suaves, ahora tenían definición. Cuando me cepillaba el pelo, veía el movimiento del bíceps, la tensión del tríceps. Mi piel estaba pálida, sí, pero ya no parecía traslúcida. Parecía mármol. Dura.
—Diez días —le dije a mi reflejo.
Faltaban diez días para la Luna de Sangre. Diez días para la fecha límite del Consejo.
No iba a pasa