POV: Aurora
El tiempo no es una línea recta. Es un nudo corredizo.
Y se estaba apretando alrededor de mi garganta.
Estaba sentada en el suelo de mi habitación, rodeada de velas que había encendido no por un ritual, sino porque la luz eléctrica me lastimaba los ojos. El diario de mi padre estaba abierto en mi regazo. Las páginas olían a tabaco viejo y esperanza desesperada, pero las palabras... las palabras eran un laberinto.
"La tercera opción requiere un equilibrio que la naturaleza aborrece..."
—¿Qué equilibrio? —le pregunté al papel amarillo—. ¿Cómo se equilibra el fuego y el hielo sin que se conviertan en agua tibia?
Nadie respondió.
La puerta se abrió.
No hubo golpes de advertencia. Marcus entró.
Su presencia llenó la habitación, desplazando el aire. Llevaba un sobre negro en la mano. Un sobre grueso, sellado con lacre rojo. El sello del Consejo.
Me puse de pie, cerrando el diario de golpe y escondiéndolo detrás de mi espalda.
—¿Qué es eso? —pregunté.
Marcus no me miró a los ojos