POV: Aurora
El territorio de Silvercrest no estaba muriendo. Estaba gritando en silencio.
El coche blindado cruzó la línea invisible de la frontera y, al instante, el mundo perdió saturación. El verde vibrante de los pinos se volvió un gris verdoso, enfermizo. La nieve, que en el territorio neutral brillaba como diamantes, aquí parecía ceniza compactada.
Bajé la ventanilla, ignorando la advertencia del climatizador.
Necesitaba olerlo.
No olía a invierno limpio. Olía a agua estancada. A hojas podridas que no se descomponen, solo se disuelven en fango negro.
—Cierra la ventana —dijo Lucian. Su voz era baja, carente de la autoridad habitual. Sonaba... avergonzado.
—No —dije. Seguí mirando.
Pasamos por un bosque de abedules plateados. Deberían haber sido hermosos. Pero su corteza se estaba pelando en tiras largas y oscuras, como piel quemada por el sol, revelando una madera negra y supurante debajo.
La tierra estaba rechazando a la manada.
—La maldición está atada a la línea de sangre —ex