POV: Aurora
El silencio en la sala de la enfermería no era paz. Era una cuenta regresiva.
Me quedé de pie junto al banco del parque infantil, con la mano todavía hormigueando por el contacto con el niño que ahora dormía. Lucian estaba a mi lado, una estatua de hielo y arrepentimiento, observando mi reacción.
—No debiste hacerlo —dijo él en voz baja.
—¿Ayudarlo?
—Drenarte.
Me miré la palma de la mano. Las líneas de la vida parecían brillar con una luz residual tenue, un violeta pálido que se desvanecía bajo la grisura del día. Me sentía un poco mareada, como si me hubiera saltado el almuerzo, pero nada más.
—No me siento drenada —mentí. Me sentía... utilizada. Pero no por Lucian. Por el universo.
—Vamos adentro —ordenó él, señalando el edificio principal del sanatorio—. Hay algo más que necesitas entender.
Entramos.
El olor a enfermedad era más fuerte aquí dentro. Era un ente físico que se pegaba a la ropa, al pelo, a la piel. Olía a camilla vieja, a desinfectante barato y a desesperan