POV: Aurora
Mi vida se había convertido en un eclipse permanente.
No había amaneceres ni atardeceres. Solo había dos modos de existencia: el Sol de Hielo y la Luna de Fuego. Y yo, el pequeño planeta atrapado en medio, giraba vertiginosamente hasta que no sabía si estaba subiendo o bajando.
DÍA 3 DEL CORTEJO. 10:00 AM.
El aire en los establos privados de Silvercrest olía a heno fresco, cuero caro y disciplina.
—Mantén la espalda recta —instruyó Lucian.
No era una orden ladrada. Era una corrección suave, dicha con la calma de quien sabe que será obedecido.
Estábamos montando a caballo. Por supuesto que estábamos montando. Lucian no hacía cosas normales como ir al cine. Él hacía cosas que requerían botas de montar italianas y caballos pura sangre que costaban más que una casa.
Yo montaba una yegua negra llamada Sombra. Él iba en un semental blanco, Invictus. La ironía visual no se me escapaba: la pieza de ajedrez blanca y la negra, moviéndose por un tablero de prados nevados inmaculados.