POV: Aurora
Despertar no fue como salir a la superficie. Fue como ser arrastrada al fondo del océano con pesas atadas a los tobillos.
Abrí los ojos y el techo de mi habitación giró. Una vez. Dos veces.
Cerré los párpados con fuerza, esperando que el mundo dejara de comportarse como una lavadora en ciclo de centrifugado.
—Dios... —gemí.
Mi voz sonó débil. Acuosa.
Me senté en el borde de la cama, y la bilis me subió a la garganta. Tuve que respirar hondo, contando hasta diez, para no correr al baño.
No era gripe. No era resaca.
Era ellos.
Me llevé la mano al pecho, justo debajo del esternón, donde sentía el nudo. Ya no eran solo hilos. Eran cables de alta tensión. Y esta mañana, estaban vibrando con una disonancia tan violenta que sentía que mis huesos estaban a punto de pulverizarse.
El hilo de plata (Kieran) tiraba hacia la izquierda. Hacia su habitación. Hacia el recuerdo de su boca sobre la mía en la hierba mojada anoche. Vibraba con una frecuencia cálida, baja, reconfortante. Amor.