POV: Aurora
El silencio de mi habitación era insoportable.
No era paz. Era el silencio de una tumba antes de que bajen el ataúd.
Me había pasado las últimas tres horas mirando el techo, sintiendo el hilo dorado de Lucian tirar de mi ombligo. Era constante. Ven. Sálvanos. Eres mía. Era una canción de sirena hecha de culpa y biología, y me estaba volviendo loca.
Necesitaba ruido. Necesitaba fricción.
Necesitaba fuego.
Me levanté de la cama. No me puse los zapatos. No me importaba el frío. Salí al pasillo oscuro, guiada no por la vista, sino por el otro hilo. El plateado. El que estaba flojo, deshilachado, pero que todavía vibraba con una frecuencia que reconocería en cualquier parte del universo.
Kieran.
No estaba en su habitación. La puerta estaba abierta y el aire dentro estaba quieto, sin su calor.
Bajé las escaleras, siguiendo el rastro de su aroma. Cedro. Lluvia. Y algo más oscuro esta noche... angustia.
Salí al jardín trasero. La nieve se había derretido en parches sucios, dejando