POV: Aurora
El camino de regreso a Blackthorn Manor fue un borrón de oscuridad y náuseas.
Me hundí en el asiento de cuero del coche de Lucian, pero mi mente seguía allí. En esa sala de hospital. Seguía viendo las venas negras bajo la piel traslúcida de la niña. Seguía escuchando el sonido húmedo de los pulmones luchando por aire. Seguía oliendo la podredumbre dulce de una manada que se estaba descomponiendo en vida.
Están muriendo.
La frase rebotaba en mi cráneo como una pelota de goma en una habitación pequeña. Muriendo. Muriendo. Y tú tienes la cura en la sangre.
Me miré las manos.
Parecían normales. Pálidas. Humanas. Pero ahora sabía que debajo de esa piel corría una magia que no había pedido, un poder que no sabía usar y una responsabilidad que me quedaba demasiado grande.
El coche se detuvo frente a la mansión Blackthorn.
El conductor, un hombre silencioso de ojos grises que me miraba con una mezcla de respeto y esperanza desesperada, me abrió la puerta.
—Gracias, Luna —murmuró.