POV: Aurora
El dolor no era algo que sentía. Era algo en lo que me había convertido.
Ya no había pasillo. No había fiesta. Solo había un pasillo rojo y distorsionado por el que intentaba arrastrarme.
—¡Suéltame! —grité, aunque no reconocí mi propia voz. Sonaba como metal desgarrándose.
Me retorcí en los brazos de Kieran con una fuerza que no debería tener. Él trastabilló, sorprendido por la violencia de mi movimiento, y sus brazos cedieron por un segundo.
Caí al suelo.
El impacto no dolió. Nada podía doler más que lo que estaba pasando dentro de mi médula.
—¡Aurora, espera! —gritó Kieran.
Pero el instinto había tomado el control. Un instinto primario, ciego y aterrorizado. Animal herido. Escóndete. Escóndete antes de que te coman.
Me levanté a trompicones y corrí hacia mi puerta. No usé las piernas como una humana; me impulsé casi a cuatro patas, arañando la alfombra persa, jadeando bocanadas de aire que sabían a cobre.
Entré en mi habitación.
Cerré la puerta de un golpe y giré el pes