POV: Aurora
El silencio después de un milagro no es tranquilo. Es aterrador.
La columna de luz se había desvanecido, dejándonos de nuevo en la oscuridad de la cima de la montaña, iluminados solo por la luna y el resplandor residual de nuestros propios cuerpos. Abajo, en el Santuario, el caos de los Alfas gritando y Valerius tratando de recuperar el orden era un ruido de fondo lejano, irrelevante.
Lo importante estaba pasando aquí.
Lucian se quedó inmóvil.
Su mano seguía apretando la mía, pero su agarre se había vuelto espasmódico. Sus ojos azules estaban fijos en el vacío, desenfocados, como si estuviera escuchando una frecuencia que solo él podía oír.
—¿Lucian? —pregunté, sintiendo un pico de ansiedad a través del hilo dorado.
No me respondió.
Su pecho subió y bajó en una respiración entrecortada.
Luego, su teléfono sonó.
El timbre digital rompió la atmósfera mística con una violencia casi obscena. Lucian soltó mi mano lentamente y sacó el teléfono del bolsillo interior de su chaquet