POV: Aurora
La gravedad ya no era una ley física. Era una sugerencia educada que yo había decidido ignorar.
Mientras descendíamos hacia el Santuario de los Primeros, suspendidos en el vacío, no sentí vértigo. Sentí... expansión.
Era como si mi cuerpo, ese recipiente de carne y hueso que siempre me había parecido demasiado pequeño, de repente hubiera roto sus costuras. Ya no terminaba en la punta de mis dedos. Mis nervios se extendían hacia la izquierda, enredándose con el sistema nervioso de Kieran. Se extendían hacia la derecha, fusionándose con la mente de Lucian.
No éramos tres personas cayendo.
Éramos una constelación aterrizando.
Tocamos el suelo.
No hubo impacto. No hubo rodillas dobladas ni tropiezos.
Aterrizamos con la suavidad de una pluma de plomo. Mis botas tocaron la piedra blanca del anfiteatro, y en el instante del contacto, una onda de choque silenciosa barrió el valle.
BUM.
El polvo se levantó alrededor de nosotros en un círculo perfecto. Las antorchas que iluminaban e