POV: Aurora
La sangre es la tinta con la que se escriben los contratos eternos.
Estábamos al borde del precipicio, con el viento aullando a nuestro alrededor y el Santuario de los Primeros brillando abajo como una boca abierta llena de dientes de fuego. Valerius hablaba. Su voz amplificada llegaba hasta nosotros, hablando de pureza y abominaciones.
Pero su voz era irrelevante.
Lo único que importaba era el pulso que latía en mi cuello.
—Hazlo —le dije a Kieran.
Él me miró. Sus ojos grises eran dos pozos de devoción salvaje. No dudó. No pidió permiso de nuevo. Ya habíamos pasado el punto de las palabras.
Kieran se inclinó sobre mí. Su mano, grande y caliente, sujetó mi nuca, inclinando mi cabeza hacia la derecha, exponiendo la piel sensible donde el cuello se encuentra con el hombro.
Sintió mi pulso bajo sus labios.
Inhaló.
Y mordió.
No fue suave. Fue la reivindicación de un lobo. Sus colmillos atravesaron mi piel con un dolor agudo, punzante, que me hizo jadear.
CRACK.
Algo se rompió