POV: Aurora
El Santuario de los Primeros no era un edificio. Era un cráter.
Un anfiteatro natural excavado en la roca viva por la magia de los antiguos, iluminado ahora por cientos de antorchas que parpadeaban como ojos nerviosos en la oscuridad. Desde nuestra posición en la cresta, podíamos ver los coches negros del Consejo, las tiendas de campaña de las manadas visitantes y el estrado de piedra donde Valerius planeaba dictar mi sentencia de muerte.
Había ruido abajo. Tambores. Murmullos. El sonido de un juicio a punto de comenzar.
—Están todos —dijo Lucian, observando el valle con binoculares tácticos—. Veo los estandartes de las cinco manadas mayores.
—Y veo francotiradores en los riscos —añadió Kieran, señalando puntos oscuros en la piedra—. Valerius no se fía de su propia seguridad.
—Tenemos que bajar —dije.
—Espera.
Me detuve. No fue ninguno de ellos quien habló. Fui yo. O mi loba. O la bruja que llevaba dentro.
Me giré hacia ellos.
La luna llena acababa de salir por encima de l