Aquella mañana, el ambiente dentro del automóvil era mucho más silencioso de lo habitual. Andrea conducía concentrado desde el asiento delantero, mientras que, en la parte trasera, Matteo iba sentado junto a Alessia.
A diferencia de él, Alessia era incapaz de permanecer tranquila. Tenía las palmas de las manos frías por los nervios.
Sus dedos se entrelazaban una y otra vez sobre su regazo, soltándose de inmediato para volver a unirse. Cuanto más se acercaban a la sede central del Grupo Moretti,