Matteo observó los dedos de Alessia, que aún sujetaban el borde de su camisa. La mirada suplicante de la joven lo hizo soltar un largo suspiro.
Toda la ira y el caos que llevaba dentro aún no se habían disipado por completo, pero al verla seguir sufriendo, fue incapaz de dejarla sola.
Al final, Matteo acercó la silla que estaba junto a la cama y tomó asiento a su lado. Sin decir una sola palabra, permitió que Alessia continuara sujetando su mano.
Mientras tanto, con la otra mano tomó su teléfon