Adrian observó a Alessia durante unos segundos. En su mirada era evidente que, en realidad, todavía quería convencerla. Sin embargo, al ver una negativa tan amable, terminó cediendo.
—Está bien —dijo Adrian—. Si hoy de verdad estás ocupada, no voy a insistir. Quizá en otra ocasión.
Alessia dejó escapar un suspiro de alivio, aunque procuró que no fuera demasiado evidente. Volvió a inclinar ligeramente la cabeza en señal de respeto.
—Gracias por comprender, señor Adrian.
El hombre se limitó a ase