Lucía despertó con una presión incómoda en el pecho, esa sensación que no te deja volver a dormir porque algo dentro de ti ya decidió que la calma terminó. Tardó unos segundos en ubicarse; la habitación estaba en penumbra y Jacob dormía a su lado, con el brazo firme rodeándole la cintura, como si su cuerpo supiera que tenía que mantenerla cerca incluso durmiendo. Ella intentó moverse despacio para no despertarlo, pero la punzada en la marca del cuello volvió, más clara que cualquier sueño. Se l