El hospital de Saint Claire amanecía con su rutina habitual: pasillos relucientes, olor a desinfectante y enfermeras corriendo con tazas de café en una mano y carpetas en la otra.
En la habitación 312, sin embargo, algo fuera de lo normal ocurría.
Lucía —la misteriosa paciente sin memoria— ya no parecía tan “delicada”.
En solo dos semanas, sus heridas habían cerrado como si el tiempo hubiera decidido acelerarse para ella. Los médicos estaban fascinados. O más bien, confundidos.
—Esto no tiene s