El viento cortaba como cuchillas en el aire helado del norte. La luna se escondía entre nubes densas, y el silencio del bosque se mezclaba con el murmullo lejano de un río que bajaba desde las montañas.
Entre los árboles, una figura blanca se movía con gracia y fuerza salvaje: Kira. Su pelaje resplandecía bajo la luz difusa del amanecer mientras corría sin detenerse, guiada por un instinto que no pertenecía del todo a ella.
Lucía, en lo más profundo de su mente, estaba despierta… pero confundid