JORDÁN
El momento en que sucedió, lo sentí.
Un pulso violento desgarró la noche — crudo, ancestral y vivo. Era como si la tierra misma hubiera gritado. Los lobos alrededor del campamento cayeron de rodillas, aullando en confusión. Los árboles se inclinaron bajo una presión invisible, y la luna sobre nosotros parpadeó en carmesí por un solo latido.
Luego llegó el silencio.
Un silencio inquietante, antinatural, que arañaba mis instintos.
Me quedé helado a mitad de paso, mi mano apretándose s