DAFNE
Lo primero que sentí fue frío. No el tipo que muerde la piel, sino el que se arrastra hasta el alma y se queda allí.
Mi aliento salía en nubes blancas. Mis manos temblaban mientras me incorporaba del suelo agrietado. No era tierra lo que había debajo de mí… era vidrio. Un vidrio interminable y fracturado que reflejaba fragmentos de un cielo roto.
—¿Jordán? —susurré, con la voz débil, resonando en la nada.
No hubo respuesta.
Solo el leve zumbido de algo vivo —el propio aire.
Intenté d