(Jordán y Dafne – puntos de vista entrelazados)
La oscuridad me tragó por completo.
No era solo ausencia de luz — era algo vivo, que respiraba.
Se aferraba a mi piel, se arrastraba por mis venas, susurraba en mis oídos. Cada paso que daba se hundía más en la nada, como si el suelo mismo rechazara la vida.
Apenas podía respirar. El aire era espeso, metálico — con sabor a muerte y sangre vieja.
Y entonces la oí.
Su grito.
—¡Jordán!
La voz de Dafne cortó el vacío como un relámpago, frac